Conmocionado y agradecido. De igual forma que Randy (Mickey Rourke) se autoinflinge sangrantes heridas, yo me autoinflinjo películas de Darren Aronofsky . Sentado en la butaca, el cerebro me gira como una powerball intentando dilucidar por donde esta vez me va a venir el tsunami emocional, la gran ostia. Aun recuerdo y juro que no olvidare jamás la paliza que me metió este señor con su REQUIEM POR UN SUEÑO. Me atacó el sistema nervioso y emocional de tal forma, que aun perduran sus efectos. Tardé varios días en dormir plácidamente. Jamás había visto algo tan crudo, tan exasperante, tan turbio…una vorágine devastadora y sin atisbo de salvación.
Esta vez la ostia me la ha metido desnudando la soledad del símbolo caído, del Icaro derretido, del Ave Fenix que intenta sobrevivir. De la tristeza de aquel que lo fue todo y hoy no es nada, de aquel que busca y no encuentra, de aquel que suplica perdón. Todo es artificial en la vida de Randy. En un océano de luchas pactadas, de fármacos que le permitan continuar, de trabajos que le permitan subsistir, intenta aferrarse, refugiarse en Cassidy, amiga stripper de la que realmente esta enamorado(ah! Marisa Tomei….).
Es una historia pequeña, a susurros, bañada en un halo de tristeza y cruda realidad que Arronofsky consigue acercándose al cine documental, una historia pequeña pero grandiosa en resultados en la cual como nos tiene habituados, sus personajes han bajado a la sima emocional mas profunda.
Mas allá de la resurrección de Mickey Rourke, más alla del pressing catch, encontrarán el desconsuelo de un buen hombre, de un héroe que lucha, que solo sabe sobrevivir en su mundo, en su pelea continua.
De obligado visionado.
Los libros (XXXIV)
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El viaje – Sergio Pitol “Me daré en cambio un baño muy caliente y me meteré
en la cama con el ‘Miguel Strogoff, o el correo del zar’, de Julio Verne.
Vuelv...
Hace 2 meses